PLATAFORMA
PC, PS5, XBOX SERIES X, XBOX SERIES S,
PLATAFORMA RESEÑADA
PS5,
DESARROLLADOR
Pearl Abyss
PUBLISHER
Pearl Abyss
FECHA DE SALIDA
19/03/2026

Algo para todos
Asia es una región que cada día que pasa hace crecer su rol en el mercado de los videojuegos. Si bien países como Corea del Sur y China siempre han tenido cierta presencia en este medio, la mayoría de sus producciones han estado enfocadas en sus propios territorios, con títulos para PC y dispositivos móviles siendo el hogar de múltiples experiencias free-to-play, MMOs y gachas. Sin embargo, en los últimos años hemos visto a estudios con el suficiente capital para mirar más allá de sus fronteras. Aunque sus propuestas parecen ser muy atractivas al principio, el resultado final usualmente carece de algún elemento que las haga verdaderamente resaltar dentro de todas las ofertas ya disponibles.
Títulos como Black Myth Wukong y Stellar Blade fueron presentados como la siguiente gran revolución de sus respectivos géneros, pero ninguno logró cumplir con esta misión, incluso si sus ventas fueron muy positivas. Ahora, Pearl Abyss, equipo de Corea del Sur, se propuso triunfar en donde otros tuvieron un desempeño mixto por medio de un juego de mundo abierto conocido como Crimson Desert. Este es un spin-off de Black Desert, un MMORPG que se ha mantenido vigente durante 11 años, y si nunca habías escuchado este nombre, no te preocupes, ya que su principal mercado está en Asia. Sin embargo, su más reciente propuesta fue creada con el resto del mundo en mente.
Desde su revelación y durante la campaña de publicidad, Crimson Desert fue presentado como un juego de mundo abierto con una infinidad de posibilidades. Sin embargo, al no tener un tope, el producto final se ha convertido en una extraña mezcla de ideas y sistemas que corren el riesgo de tropezarse entre ellas. ¿Es Crimson Desert la experiencia que todos esperaban? ¿Acaso más es un sinónimo de calidad? Conoce las respuestas a estas y más interrogantes en nuestra Atomix Review.
Sin dirección
Crimson Desert es muchas cosas, pero un juego con una buena historia no. Pearl Abyss quiere presentarnos una aventura a gran escala, con múltiples facciones y un conflicto personal en el centro del drama, pero envuelve este paquete con una estructura de MMO que termina por ofrecer una experiencia que es tediosa y confusa en sus mejores momentos. Con más de 20 horas en este mundo, puedes apuntarme con una pistola y exigir que te cuente qué pasa en este título, y lo único que sabría decir es que tires del gatillo.
Kliff es un feroz guerrero de la tribu de los Greymanes, quien disfruta de su vida en compañía de sus compañeros mercenarios. Sin embargo, todo cambia cuando una banda de rufianes atacan su campamento y asesinan a nuestro protagonista. Afortunadamente, este no fue su final y, gracias a una intervención divina, regresa al mundo de los vivos. Con su clan esparcido, Kliff se da a la tarea de encontrar a sus camaradas y conseguir un espacio que pueda llamar hogar.
Crimson Desert nos ofrece una premisa sencilla. Sin embargo, la ejecución es demasiado complicada y la estructura narrativa está por todos lados. En lugar de presentarnos un extenso viaje que vaya expandiendo la relación entre Kliff y el resto de sus compañeros, creando un vínculo claro con el jugador en el proceso, el título opta por entregar una serie de eventos sin algún tipo de conexión concreta. El resultado es una experiencia confusa que constantemente varía entre misiones que se presentan como los momentos más emocionantes de toda la aventura y tutoriales que rompen con el ritmo que trata de construir esta entrega.
El viaje de Kliff claramente trata de ser algo extraordinario. Venganza, múltiples facciones y un protagonista que desea hacer el bien en todo momento son los ingredientes perfectos para esto. Sin embargo, Pearl Abyss agrega una infinidad de componentes adicionales con el deseo de cautivar a la mayor cantidad de personas posibles. Esto resulta en múltiples protagonistas que son introducidos sin algún tipo de fanfarria, grupos de aliados y enemigos que nunca explican bien su rol en la aventura, así como conceptos que son presentados y olvidados por horas.
Nunca sabes muy bien por qué estás haciendo las misiones que el título nos presenta, y parece que los desarrolladores no se interesaron en presentar este mundo para los millones de jugadores que no han tocado Black Desert. Cada conversación nos avienta múltiples conceptos que rara vez son explicados, y el título espera que te detengas a leer cada pequeño papel que esconde parte de la historia de este extenso mundo. Es un trabajo poco amigable que resulta en que más de una persona pierda rápidamente el interés en cualquier cosa que esta entrega trata de ofrecernos.
A la par, Crimson Desert cuenta con una estructura de MMO pese a ser una experiencia de un solo jugador. Esto significa que la mayoría de las misiones son tareas de repartición o tutoriales para uno de los tantos sistemas que tiene el título. Si bien hay momentos que se presentan como el clímax a cierto arco o grandes revelaciones que cambian nuestra percepción de este mundo, la realidad es que no hay un solo cimiento que le dé un verdadero valor a la experiencia. Es como ver la increíble fachada de una casa, pero una vez que cruzas la puerta descubres que apenas hay un par de tabiques puestos.
Lo peor de todo es Kliff. El protagonista es un cartón andante. No tiene un solo aspecto atractivo, y su personalidad es plana. Pese a que el greymane tiene una voz, no dice algo interesante, y parece una figura de acción con una serie de frases genéricas incluidas para responder sin emoción ante cualquier situación. Esto evita que el jugador sea capaz de simpatizar con sus problemas, y si bien esto puede verse como una decisión que le permite al jugador asumir el rol que desee, la realidad es que esto es una falla por parte de los desarrolladores.
Todo lo malo con la narrativa de Crimson Desert queda resumido a la perfección en una de las misiones de los primeros actos. Después de pelear contra un temible jefe que casi asesina a un compañero de Kliff, el juego nos introduce a un greymane que llega de la nada al campamento del protagonista y nos pide ayuda para rescatar a uno de sus amigos que ha sido encarcelado. Esta misión se presenta como una tarea de alta importancia, la cual tiene que ser resuelta inmediatamente. Sin embargo, el juego nos obliga a caminar durante cinco minutos en casi completo silencio. Lo único que puedes hacer es presionar X para avanzar automáticamente, sin algún tipo de acción o plática que sea interesante. Una vez que llegamos al destino, el título nos obliga a participar en un minijuego, algo que probablemente muchos descubrieron horas antes de este momento.
Es un golpe que puede dejar a cualquier jugador aturdido. Personajes entran y salen de la historia sin ninguna explicación posible, al grado de que llegas a pensar que te saltaste alguna parte o te dormiste durante una cinemática. Una cosa es tener una historia minimalista o dejar ciertos aspectos ambiguos para que el jugador encuentre su propio camino, y otra es presentar algo que se siente incompleto y como un collage de ideas sin sentido al mismo tiempo. Crimson Desert es aburrido, tedioso y demasiado largo para su propio bien. Si hay algo de valor en su aventura, los desarrolladores hicieron un gran trabajo al esconderlo.
Entre la espada y la pared
Si bien la mezcla de ideas sin algún tipo de coherencia es algo que tiene repercusiones negativas en múltiples áreas de Crimson Desert, su apartado visual es uno de los pocos espacios en donde esto no arruina por completo a la experiencia. Sin embargo, lo que Pearl Abyss nos presenta oscila entre espacios hermosos que demuestran el valor del motor propio del estudio y escenarios genéricos que difícilmente se quedarán en tu cabeza. A la par, aquí encontramos un rendimiento poco estable en consolas, dejando en claro que el estudio necesitaba dedicarle tiempo adicional a estas versiones.
Crimson Desert sigue el camino de Tears of the Kingdom. El trabajo de Pearl Abyss opta por combinar la fantasía medieval que todos conocemos con elementos de ciencia ficción. Esto crea un contraste marcado que, aunque es carismático, pierde rápidamente el balance. Al final del día, nos quedamos con escenarios que hemos visto mil veces en otros juegos. El problema, y algo que no es exclusivo de su apartado visual, es el hecho de que múltiples ideas son mezcladas sin una verdadera razón, más allá de que algún director pensó que se verían bien.
A la par, el mundo de Crimson Desert es demasiado grande para su propio bien. Si bien es impresionante la forma en la que una misma zona tiene diferentes variaciones, la escala del proyecto hace que sea muy tardado ver todo lo que los desarrolladores tienen para nosotros. La primera zona, por ejemplo, es cautivadora. Aunque estamos en un área de bosque, aquí encontramos una mina, pantanos, valles cubiertos de ruinas antiguas y mucho más. Es sorprendente lo denso que es el juego en general. Sin embargo, llegar al desierto o a la costa es algo que no sucederá dentro de las 20 horas, algo que podría alejar a más de una persona.
Pearl Abyss claramente nos ha presentado un gran trabajo. Escalar un risco y mirar a la distancia es un sentimiento increíble, ya que la iluminación y la distancia de dibujo están muy bien manejadas. Ahora, aquí es cuando las cosas se complican, al menos en PlayStation 5. Durante sus primeros días, la calidad de la imagen era mixta en el mejor de los casos, con texturas no tan refinadas y una clara disminución en el nivel visual cuando llegaba el momento de recorrer el mundo a caballo. Sin embargo, la primera gran actualización del título mejoró mucho este apartado en consolas, ofreciendo una mayor estabilidad visual que mantiene por más tiempo la ilusión de recorrer un bello mundo medieval, aunque el pop in se mantiene intacto.
De esta forma, no dudo de que futuras actualizaciones hagan un trabajo similar. Esto quiere decir que la experiencia visual que tenemos en estos momentos cambiará en unas semanas, meses o años. Lo mismo se puede decir del rendimiento en consolas. Crimson Desert ofrece tres opciones visuales en un PS5 base. Podemos jugar a 4K escalado y 30fps con un ray-tracing mínimo, a 1080p y 60fps sin ray-tracing y, mi recomendación, un balance a 4K escalado a 40fps con un poco de ray-tracing. Lo interesante es que no hay un límite para los cuadros por segundo, por lo que hay momentos en donde el estándar es superado, pero también hay zonas en donde el mínimo es casi imposible de ver.
Una vez más, esto ha mejorado desde el lanzamiento del último parche, por lo que la opción de Balance llega incluso a ofrecer 60fps, aunque no son estables. Esta modalidad también nos permite disfrutar de este mundo con una mayor calidad visual que, como ya lo mencioné, varía entre vistas sorprendentes que lograrán cautivar a más de una persona por lo vasto que es este mundo, y pequeñas zonas en donde el juego parece que llegó a principios de la generación del PS4. Esto es algo que especialmente se puede notar en las animaciones y cinemáticas.
Cada conversación importante que tiene Kliff y compañía está acompañada de movimientos erráticos que, cuando más de un personaje está en pantalla, es difícil distinguir quién está hablando. A la par, las animaciones fáciles en las cinemáticas caminan la delgada línea entre el valle inquietante y un mal trabajo, y constantemente cruzan estas barreras. Lo extraño es que, al acercar la cámara fuera de estos momentos, el título nos vuelve a asombrar con modelos bien construidos que son perfectos para el modo foto que aquí también encontramos.
Mientras que la historia y gameplay de Crimson Desert sufren de una mezcla sin sentido de múltiples ideas, la presentación visual del juego nos presenta con una calidad mixta. Hay momentos sorprendentes aquí, y el título sabe muy bien cuándo cambiar de escenario para dejar con la boca abierta a los jugadores. Sin embargo, aún hay muchos segmentos que dejan en claro que el título necesitaba un par de meses más de trabajo, al menos cuando hablamos del PlayStation 5 base. Hay mucho que alabarle a Crimson Desert en este apartado, pero también hay espacio para que la experiencia mejore, algo de lo que son conscientes los desarrolladores.
Olvidable
Solo hay una forma de describir el apartado sonoro de Crimson Desert: olvidable. No hay un solo elemento memorable dentro de este extenso mundo. La música es extremadamente genérica y las actuaciones de voz hacen lo mínimo. El único aspecto que logra salvarse es el diseño de audio, ya que el mundo cobra vida gracias a todos los elementos que podemos escuchar. A la par, el título es capaz de capturar los efectos de ciencia ficción que, pese a que no son tan prominentes, usualmente crean una yuxtaposición deliberada.
Pearl Abyss no trata de sobresalir con su música. Todas y cada una de las composiciones quieren ser The Witcher III o cualquier otra experiencia que se desarrolle en un mundo medieval. Si bien las composiciones que aquí encontramos son muy competentes, con constantes mezclas de instrumentos para ofrecer algún tono en específicos, nada logra sobresalir. Es el mismo ritmo que hemos escuchado una y otra vez. Aunque hay momentos que tratan de brillar, como aquellos que escuchamos en las batallas contra jefes, el título es incapaz de ofrecer algo que sea remotamente interesante.
Lo mismo ocurre con las voces. Cada uno de los actores cumple, pero el terrible guion que se les ha presentado no les ayuda, y hay momentos en donde parece que los encargados de estos personajes forman parte de conversaciones totalmente diferentes. No hay una dirección clara, y todos los involucrados hablan de la misma forma, solo cambiando su volumen dependiendo de si están peleando o no. Claro, hay excepciones, como James Alexander en el rol del Reed Devil, quien nos presenta una persona llena de odio que busca vengarse del mundo. Sin embargo, los casos sobresalientes son muy contados.
El único aspecto que cumple es el diseño de audio. El mundo de Crimson Desert se siente con vida gracias a todo lo que podemos escuchar. A la piedra siendo aplastada por el mazo, la carne siendo cocida y al fuego que surge después de que reflejas la luz de la espada sobre el pasto. Por si fuera poco, el título nos convence de que hay un mundo lleno de tecnología de otro mundo por la forma en la que cada estructura avanzada suena al moverse. Es un trabajo competente, pero solo eso.
Si bien no hay algo necesariamente malo con la presentación sonora de Crimson Desert, tampoco hay algo que valga la pena resaltar. El título es competente, pero nada se quedará contigo. Pocas son las actuaciones que logran sobresalir, y Kliff no forma parte de este grupo. La música es genérica y, aunque está bien hecha, sientes que todo lo que aquí se nos presenta ya lo has escuchado en otro lado. Es algo que va de la mano con el resto de la experiencia, pero es solo lo mínimo.
Exceso de ambición
En los últimos años hemos visto cómo proyectos que tratan de apelar a todo tipo de público usualmente no tienen una recepción tan elevada. En este sentido, Crimson Desert camina una delgada línea entre una experiencia ya definida y un título que busca tener algo para cada jugador imaginable. Las bases de la experiencia son un RPG de acción de mundo abierto, algo que logra de forma positiva, pero encima va construyendo múltiples sistemas y mecánicas que, en lugar de nutrir a la experiencia, terminan por crear una aventura que se siente vacía de significado.
El objetivo de Pearl Abyss con Crimson Desert claramente es ofrecer un mundo abierto con una infinidad de posibilidades y, hasta cierto punto, lo consiguen. Pywel es un mapa extremadamente grande, con mucho por hacer. Puedes comenzar alguna misión principal, y antes de que te des cuenta ya empezaste un objetivo secundario, encontraste un campamento lleno de enemigos, te topas con un NPC que nos da acceso a un minijuego, o simplemente diste con un puzzle que te pide usar una de las tantas habilidades de Kliff. Es muy fácil distraerse con todo lo que está a nuestra disposición.
En este sentido, Crimson Desert cumple muy bien con la promesa de Skyrim. Todo lo que ves y cada locación que encuentras tiene algo para ti. El sentimiento de escalar una montaña y ver al horizonte un mundo lleno de posibilidades no es algo nuevo, pero Pearl Abyss ha sido capaz de ofrecer una experiencia que captura esta magia. A la par, nuestro protagonista es capaz de transformarse en un cuervo y, similar al paracaídas de Breath of the Wild, surcar los cielos un instante y caer en cualquier parte del mapa sin sufrir algún tipo de daño.
Todo esto se complementa con un combate que cumple su función, sin ser algo revolucionario. Kliff tiene a su disposición todo tipo de armas. Desde espadas dobles, pasando por lanzas y mazos, hasta sus propios puños. Lamentablemente, aquí es cuando el juego comienza a descarrilarse. En lugar de construir sobre sus fundamentos sólidos y mejorar lo que ya tiene, Crimson Desert rápidamente empieza a agregar más y más sistemas, mecánicas e ideas que, en el mejor de los casos, son demasiado simples y, en el peor, una implementación torpe que no tiene sentido.
El sistema de combate, por ejemplo, tiene buenas ideas. Cada arma tiene un ritmo distinto y el árbol de habilidades nos da acceso a diferentes habilidades que ofrece algo para todos los estilos de juego. Aquí destacan los propios puños del protagonista, ya que Pearl Abyss se dio a la tarea de crear un extenso sistema de combos que, con el dominio del control adecuado, da pie a combos que son extravagantes y satisfactorios de realizar. Sin embargo, el resto de las armas no tienen el mismo nivel de atención, y basta con solo dejar presionado el botón de ataque para ganar cualquier enfrentamiento.
A la par, los controles, incluso tras la primera gran actualización, son torpes. El título tarda un segundo en registrar bien tus indicaciones, lo cual hace que realizar esquivadas perfectas y parrys sea más suerte que habilidad. Por si fuera poco, la dificultad está por todos lados. Mientras que los enemigos normales son un chiste, los jefes resultan ser más complicados de lo necesario, y no por diseño, sino por las fallas del mando. El título trata de remediar esto al ofrecernos un sinfín de enfrentamientos que son más una prueba de tu sanidad que de tus habilidades, en donde los soldados normales rápidamente pueden rodearte y obligarte a reiniciar los ya de por sí largos enfrentamientos. Pearl Abyss claramente trata de compensar la calidad de su sistema de combate con la enorme cantidad de peleas que te presenta Crimson Desert, tanto opcionales como obligatorias.
Este problema no se limita al combate, ya que acciones tan sencillas como dar el doble salto o hablar con un NPC son más torpes e inexactas de lo que deberían ser. Todo esto empeora con una interfaz torpe. El título no se aleja mucho de su ADN de MMO, y eso resulta en menús torpes de navegar, un inventario que es demasiado grande, submenús que tratan de simplificar ciertos aspectos, pero terminan por crear más confusión, y un mapa con el cual tienes que batallar para saber bien qué actividades están disponibles en cada zona. Ahora, este es un problema que afecta principalmente a los usuarios de consolas, en donde las limitantes del control son algo que los desarrolladores nunca supieron superar, ya que hay botones que cumplen múltiples funciones. Sin embargo, en PC, en donde hay más opciones, este no es un gran inconveniente.
El ADN de MMO es algo que también afecta el diseño y la estructura de las misiones. El título abusa de los objetivos de repartición, en donde simplemente tienes que viajar a cierta zona y entregar un paquete. Si bien hay momentos emocionantes y enfrentamientos atractivos, la mayoría de las actividades que tiene el juego son tareas que solo consumen tiempo. Si bien la exploración y llegar a estos puntos es interesante, las recompensas usualmente no valen la pena. A la par, Crimson Desert constantemente introduce mecánicas y sistemas que no reciben la atención necesaria.
Casi cada misión introduce algo nuevo que es opcional o que carece de la suficiente profundidad. Por ejemplo, Crimson Desert nos presenta su propia versión de la Ultra Hand de Tears of the Kingdom, con la cual somos capaces de manipular ciertos elementos del escenario, pero la realidad es que esto es muy limitado. Hay un punto en la historia principal en donde el título nos ofrece una mejora para este poder, permitiéndonos albergar ítems en una cazuela especial, pero es algo que nunca se vuelve a usar. Casos como estos son muy comunes. El título expande y agrega ideas que no evolucionan o son demasiado situacionales.
Si bien algunas habilidades extra expanden el uso de ciertos elementos del juego, la mayoría están relacionadas con una barra de estamina, la cual se consume demasiado rápido. Aquí es cuando entra un dilema más. Quieres usar tus puntos de aptitudes para expandir aspectos básicos de Kliff, como su vida y resistencia, pero esto significa que los poderes adicionales que amplían la forma en la que funciona ciertos aspectos del combate y la exploración serán ignorados. Crimson Desert es incapaz de tener un balance debido a todo lo que nos presenta, lo cual resulta en un excesivo grinding de actividades para comenzar a experimentar con lo que el título tiene para nosotros.
Más allá de esto, todas las actividades que puedes realizar son igual de torpes. Los puzzles, aunque un respiro de la exploración y combate, pueden llegar a ser demasiado obtusos, al grado de que en más de una ocasión vas a recurrir a una guía. Claro, hay casos, especialmente en las misiones principales, en donde este no es un gran problema, pero el resto del contenido adicional no tiene la misma atención. En lugar de utilizar su diseño de niveles para dejar en claro qué es lo que se tiene que hacer, el título espera que pruebes todo lo que tienes en tu arsenal hasta encontrar la respuesta. Si bien hay momentos en donde esto se puede deducir fácilmente, cómo utilizar la estocada de la espada para girar un engranaje, hay otros acertijos que te piden hacer uso de poderes que ni siquiera sabías que existían.
Hay mucho que está mal o incompleto en Crimson Desert. Sin embargo, es fácil para muchos ignorar estos tropiezos gracias a los fundamentos de la experiencia y la promesa de que eventualmente vas a encontrar algo que sea de tu agrado. Como un reloj roto, Pearl Abyss, entre su ambición por crear una experiencia para todos, es capaz de presentar algo que, a momentos, es divertido. No voy a negar que explorar llegó a ser entretenido y el combate presenta un reto interesante. Sin embargo, el título es incapaz de ir más allá de sus ideas iniciales. En lugar de pulir las bases que tiene, implementa tantas cosas encima que es un milagro que la estructura no se derrumbara.
Sin embargo, esto tampoco quiere decir que el título haga algo bien. Cumple con el mínimo en el mejor de los casos, y en otros aspectos se queda muy corto. La estructura de MMO y la pésima historia evitan que las misiones tengan el peso indicado. El combate es torpe, y tardas mucho tiempo en desbloquear habilidades que hagan que los enfrentamientos sean interesantes. La exploración, aunque llamativa, carece de un verdadero valor, más allá de cumplir con objetivos en una extensa lista. Si bien puedo entender porque esta experiencia ha sido del agrado de muchos, Crimson Desert está lejos de ser un buen juego.
Un mal bufé

Crimson Desert es una mezcla de ideas y mecánicas que nunca logran encajar adecuadamente. Si bien el trabajo de Pearl Abyss no es necesariamente malo, sí es mediocre en muchos aspectos. Su historia es terrible en todo el sentido de la palabra. La trama es torpe, sin dirección y, claramente, el resultado de múltiples cambios a lo largo del desarrollo. No hay un solo elemento atractivo, y la experiencia sufre como consecuencia.
Aunque Crimson Desert puede llegar a impresionar con su apartado visual, el juego batalla constantemente con su calidad y rendimiento. Si bien Pearl Abyss promete mejorar la experiencia por medio de actualizaciones, algo que ya han comenzado a hacer, aún hay muchos problemas en estos momentos. Por su parte, el apartado sonoro es, por lo general, asequible, sin un solo elemento que logre resaltar, lo cual es positivo y negativo para este tipo de experiencias.
Crimson Desert quiere tener algo para todos. Pese a que se presenta como un juego de mundo abierto, la realidad es que hay más aquí. Aunque las bases son sólidas, Pearl Abyss no supo detenerse y agregó múltiples sistemas y mecánicas superfluas que solo hacen que el juego se tropiece constantemente. Si bien hay algo de calidad aquí, todo lo que rodea a las buenas ideas es manchado por una pésima interfaz, controles poco responsivos y una estructura que no tiene una dirección clara. Al igual que un bufé, Crimson Desert nos presenta demasiado, pero cada bocado es, en la mayoría de los casos, una decepción.








































































